¿Y si el general fuera inocente?

Antonio Cárdenas

No cabe duda de que los seres humanos somos capaces de hacer las mejores cosas y también los actos más ruines. Ninguno de nosotros podemos presumir de ser siempre “buenos” como tampoco se nos puede considerar siempre “ malos”.

No obstante, cuando se trata de juzgar la conducta humana los psicólogos y los criminalistas recomiendan siempre atender a los motivos que tenga una persona para hacer o dejar de hacer alguna conducta. Es una manera de decir que los humanos guiamos nuestras actuaciones por dos factores muy poderosos: la ambición y el miedo.

Al enterarme que Estados Unidos había detenido al ex Secretario de la Defensa de México, Salvador Cienfuegos, pensé: es cierto que el general Salvador Cienfuegos como cualquier humano está sujeto a la ambición y a los delirios del poder, lo que lo hacen susceptible de haber caído en las manos de poderosísimo crimen organizado; pero por otra parte me cuesta mucho trabajo pensar cómo pudo haber hecho para superar el miedo y entrar en el juego del delito.

Me explico, no conozco personalmente al General, pero si conozco algo del sistema castrense pues en alguna ocasión me tocó solicitar el curriculum vitae del contralor del ejército. Amablemente me invitaron a desayunar para explicarme que el sistema de selección de personal del ejército  se lleva  por medio de un expediente con muchos folios en donde consta absolutamente todo lo que el miembro del instituto armado ha hecho.

Promociones, castigos, felicitaciones, detenciones, sueldos, premios, créditos y propiedades personales, exámenes médicos y; en fin todo, absolutamente todo, se va adjuntando a este expediente que tienen los soldados hasta llegar a los de más alta graduación, que en el caso del contralor del ejército era de 40 años por lo que deseaban saber si yo iba a requerir una copìa completa de los varios tomos del expediente del general.

Recuerdo que cuando Peña Nieto fue designado presidente, él mismo platicó que le hicieron llegar los expedientes de los cuatro generales de más alta graduación y después de estudiarlos citó a Salvador Cienfuegos y le preguntó: “General, le pido que me diga una razón por la cual no lo nombre a usted Secretario de la Defensa Nacional” Por lo que puedo suponer que el expediente de Cienfuegos era impoluto.

Cienfuegos llegó a Secretario a los 64 años y se separó del cargo a los 70 a gozar la jubilación correspondiente que me imagino no es poca, pues se retiró con el cargo más alto en el ejército. 

Por lo demás, debido al riesgo de su vida que representaba su asignación en defensa de la Nación, recibió durante 6 años, aparte de su sueldo y los bonos correspondientes, un sobresueldo cercano a un 30% de su ingreso como Secretario de estado, aparte de que el Ejército le daba todo lo que requería para gastos de su casa, por lo tanto no podemos clasificarlo como un tipo que tuviera carencias económicas.

Independientemente de lo anterior y suponiendo sin conceder que estuviéramos hablando de una persona a la que le gustara el dinero bien o mal habido,  el Secretario de la Defensa tiene una gran ventaja sobre otros Secretarios de Estado, ya que la Ley releva a la Secretaría de la Defensa de hacer licitaciones por  sus compras que pueden considerarse de seguridad nacional. En ese caso, si el general secretario fuera una persona de pocos escrúpulos podría llevarse una buena comisión proveniente de las compras que realizara la dependencia.   

Es por eso que me parece muy difícil pensar que una persona que ha realizado una carrera  de tanto tiempo, teniendo cerca de 70 años de edad y que no tiene de ninguna manera problemas económicos recibiera algo que le representara un incentivo superior al de vencer el miedo de perder todo aliándose al crimen organizado.    

Por otra parte, si usted mi estimado lector es de los que piensa que los funcionarios en Estados Unidos son personas de absoluta probidad como salen en las películas, me da pena decepcionarlo pero están muy lejos de serlo, sobre todo los policías, sean del FBI, la DEA o cualquier otro cuerpo policiaco, local o federal; así como los miembros del poder judicial que son continuamente señalados por la prensa como abusivos y altamente corruptos, de hecho en mi experiencia profesional pude comprobarlo.  

Hay otro punto a reflexionar ¿Se ha puesto a pensar qué sucedería si en México se detuviera, ya no a un ex secretario de la defensa de EU, sino a cualquier general por hechos cometidos en ese país y sin orden de extradición?

Ni pensarlo verdad, supongo que en unas cuantas horas tendríamos a un contingente armado del ejército norteamericano que vendría a recogerlo solicitándolo de “una manera amable” a la autoridad mexicana que se los entregara, independientemente que el embajador americano, en el instante mismo que lo supiera le hablaría directamente al Presidente de la República para exigir explicaciones.

¿Por qué entonces los gringos pueden detener a un ex Secretario de la Defensa, informar después al Secretario de Relaciones Exteriores y sujetarlo a proceso aun  cuando los supuestos hechos de los que se le acusa ocurrieron en México y aun cuando el proceso en contra de Cienfuegos se haya iniciado en el 2019 en Estados Unidos?

El Gobierno de México solo dice: amén. Y la prensa y los comentaristas mexicanos al unísono dicen:  “Si la CIA lo acusa deben de tener las pruebas” ¿Y los derechos humanos?. ¿Y la presunción de inocencia? Perdónenme pero aquí nadie sabe qué es eso. Cienfuegos ya está juzgado y condenado por todos, incluso por el mismo Presidente de la República.

Me pongo a pensar: ¿Si por ejemplo, un narco mexicano o gringo quisiera vengarse de un funcionario mexicano por haberlo perseguido, no podría acudir con cualquier autoridad judicial norteamericana y aprovechando su calidad de testigo protegido y desde luego previa una coima, no podría convencer a esa autoridad judicial de que supo que se le entregó al funcionario mexicano una fuerte cantidad de dinero por proteger a un narco que por lo demás ya está muerto? 

¿Pruebas, quieren pruebas? Allí hay miles de mensajes telefónicos que lo único que pueden probar es que se mandaron de un número y se recibieron en otro sin poder determinar nunca cuál fue la persona que lo envió o quién fue la persona que lo recibió.

Y de todo este penoso asunto me pregunto ¿Es correcta la actitud del Gobierno de México y no debería prestar toda la ayuda legal, diplomática y mediática a un funcionario que luchó en contra del crimen en defensa de los mexicanos?, ¿No es aplicable el principio Constitucional de que todos somos inocentes hasta que no se demuestre la culpa por tribunal legalmente facultado para ello? 

Cuidado pues de no hacerlo así, podría resultar que los criminales tienen mucho mejores armas en la justicia que las autoridades que buscan hacer justicia.

plumainvitada

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