Proyección

Por: Antonio Cárdenas

En psicología se conoce como “proyección” a un mecanismo de defensa por el que  el sujeto atribuye de manera inconsciente a otras personas las propias virtudes o  defectos, incluso sus carencias. 

En días pasados el Presidente de México fue convocado a participar, junto con  otros 130 mandatarios o jefes de Estado, en la Asamblea General de las Naciones  Unidas que este 2020 celebra los primeros 75 años de su fundación. 

La alocución que brindó fue, cuando menos, patética. Le falló todo, desde su  vestimenta hasta el hecho de que en lugar de leer un discurso bien estructurado improvisó lo que se le ocurrió, sin sentido, ni lógica y cometiendo errores que ni un  presidente municipal de Macuspana hubiera podido cometer; de esta forma  incluyó en su discurso cosas tan variopintas que fueron desde un reproche más o  menos velado a los españoles por haber conquistado “México” (hace 500 años)  hasta la rifa de un avión, “que era como un palacio”, que luego se va a vender. (¿Lo rifamos o lo vamos a vender?) pasando por una muy personal y vaga visión de  la historia del país.  

Ya Jorge Castañeda lo calificó lapidariamente de un discurso bananero y creo que  el adjetivo es muy justo, sin embargo quiero destacar algo de lo que no he visto  más reflexiones pero que nos habla mucho del López Obrador oculto. 

Precisamente por no haber leído su participación y haber sido tan soberbio de  hablar 18 minutos improvisando, de repente aparecen las “proyecciones” psicológicas que nos ofrecen una visión de la verdad de un individuo que subyace  en su inconsciente. 

En este caso quiero ser muy preciso, por lo que a continuación escribo las  palabras textuales con las que el presidente de México alabó a Benito Juárez. 

“El movimiento de reforma que encabezó un gran dirigente, un liberal, el mejor  presidente que ha habido en nuestra historia, un indígena zapoteco: Benito Juárez  García. Se le conoció como el Benemérito de las Américas. Fue tan importante su  proceder y su fama que Benito Musolini lleva ese nombre porque su papá quiso que se llamara como Benito Juárez.” 

Lo que me sorprende es que lo primero que recuerda López de Juárez es que  Mussolini era su tocayo. ¿El recuerdo es un homenaje a Juárez o a Mussolini?  ¿Fue tan importante el proceder y la fama de Juárez que sólo es equiparable al de Mussolini? ¿Será que Mussolini llegó a ser tan importante en su fama y en su  proceder porque llevaba el nombre de Benito? Éstas preguntas son las que me  gustaría hacerle al Presidente de México y créanme me preocupan sus respuestas tanto como sus no respuestas. 

Pero vayamos a las proyecciones como tales. Es evidente que Obrador se  proyecta en Juárez. Él quisiera ser como el zapoteco, es decir quisiera ser “el  mejor presidente que ha habido en nuestra historia”, pero por otra parte equipara a  éste con Mussolini, lo que equivale a decir: para ser el mejor presidente de  México tengo que ser como Mussolini y como Juárez, que al fin por algo se  llamaban igual. 

¿El padre de López Obrador habrá sido un visionario lo mismo que el padre del Duce, que profetizó la fama de un Andrés Manuel al nivel de un Juárez o un Mussolini?

Lo único malo en todo esto es que Benito Almilcare Andrea Mussolini fue el  creador del Partido Nacional Fascista Italiano y dictador durante más de 20 años.  Llevó a su país a la Segunda Guerra Mundial aliado con otro “famoso y prominente” político alemán: Adolf Hitler. Millones de italianos murieron en las guerras que organizó, en las cárceles o simplemente en la calle por el pecado de ser críticos del partido único y de su dirigente único también. 

Me imagino que si pudiéramos preguntarle, Benito Juárez no se mostraría  especialmente orgulloso de que un obrero socialista le hubiera puesto su nombre  al futuro dictador fascista, es más, creo que es muy poca consideración a un héroe mexicano que luchó por la libertad y la soberanía de su patria. 

Pero la fascinación por Mussolini no es algo nuevo en nuestra historia y esto a lo  mejor no lo sabe López Obrador, lo que podría ayudarle para próximos discursos. En el año de 1929 Plutarco Elías Calles, a la muerte de Álvaro Obregón imitando a Mussolini, decide fundar un Partido único también en México, por lo que a vil  imitación del Partido Nacional Fascista y de su principal dirigente que es también  el Jefe de los Ministros del Reino de Italia, Calles decide crear el Partido Nacional  Revolucionario en el año de 1929 (en el futuro el PRI), el cual lo designa su  principal dirigente y Jefe Máximo de la Revolución. El totalitarismo difícilmente  muere, por el contrario se reinventa cada determinado tiempo.

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