Historias de Mujeres

Carolina es una migrante. Ella se sumó vía WhatsApp a la última caravana que partió de San Pedro Sula, Honduras, el 15 de enero del 2020. Salió de su país y dejó todas sus posesiones porque la situación era demasiado insegura para ella y para su familia.

La delincuencia organizada ha secuestrado a su país, así como la pobreza. A su hijo de apenas 6 años le quedan 6 más para que se convierta en parte de la delincuencia a pesar de su voluntad.

Carolina además ha vivido la enfermedad de su pequeño hijo de 4 años: cáncer. La falta de medicinas y la precariedad en la que vive no le permitió darle una oportunidad de tratamiento a su pequeño. Hace tres años, un 25 de septiembre,  murió su hijo.



Carolina no vino sola. Ella ha caminado kilómetros y kilómetros a lado de su marido, un hombre que vino cargando la frustración de no poder quedarse en su país con los suyos.

Con ellos vino su pequeño hijo de seis años. Carolina llegó sana y salva a la Ciudad de México y ha padecido miedos y angustias en el camino de la caravana.

No sabe qué decisión tomar. Si se queda en la Ciudad de México o sigue su camino a la frontera.

Les han prometido algunos líderes que llegarán a Estados Unidos para lograr su sueño americano, siempre y cuando se mantengan juntos y sigan con los lineamientos y reglas que estos líderes les impongan. Sin embargo ella está en duda.

Carolina quiere proteger a su familia. Sabe los riesgos que vienen y reconoce que el tramo más difícil es el que sigue de la Ciudad de México a la frontera norte.

Sabe que habrá sed, hambre, frío, abusos, extorsiones, y quizá separación de familia. Hoy, Carolina quiere un trabajo estable y un lugar donde vivir con su familia.

Corriendo y apurada entre la gente del albergue pide trabajo para su marido. Se anota en listas y pide asilo.

Una mujer valiente que está buscando una respuesta, una esperanza. Han decidido quedarse en México. Trabajar en lo que se pueda.

“Mi marido sabe trabajar mucho. Es conductor de camiones de carga, de tráilers, de camionetas. Sabe realizar trabajos de construcción y albañilería. Pido urgente un trabajo para él. Y si hay para mujeres entonces apúntenme a mi para trabajar mientras me cuida él a  mi pequeño.” 



“Hemos dejado nuestro país, Honduras, por que no podemos más con la inseguridad. Nos piden dinero para todo. Nos amenazan y no hay trabajo. Estamos desesperados y por eso nos sumamos a la Caravana. Hemos vivido experiencias terribles en este peregrinaje. Perdimos a dos de nuestros compañeros de viaje después de la detención masiva en Chiapas, entre Ciudad Hidalgo y Tapachula. No regresaron y no supimos su paradero. Hay quienes nos quieren convencer de irnos hacia el Norte pero nos da miedo poner en riesgo a nuestro hijo, el único que nos queda”, cuenta.



Así, después de meses entre pandemia y soledad han decidió muchas mujeres migrantes cambiar su destino. Quedarse en México y ver la posibilidad de conseguir un trabajo que por lo menos les permita comer y sobrevivir.

Han cruzado por lugares muy peligrosos y el riesgo sigue siendo altísimo. Muchas de ellas se encuentran embarazadas y otras vienen cargando a uno, dos o hasta tres hijos.

No quieren ponerlos en riesgo. Como mujeres guerreras han dejado a un lado a grupos con los que venían caminando en la caravana para reflexionar sobre su seguridad y quedarse en esta Ciudad de México que entre alegría y lágrimas dicen estar agradecidas por el trato humanitario recibido por parte de los capitalinos.

¿Cual será su destino? No lo sé. Lo cierto es que las mujeres migrantes llevan consigo una enorme fortaleza emocional: la resiliencia.  

Quizá serían grandes maestras terapeutas para enseñarnos a desapegarnos y soltar.  Todo lo contrario, carecen de apoyo en todos los sentidos.

Han sido abandonadas por el Estado, por la sociedad y rechazadas por quien pase a su lado.  Sin duda, en México existen grades esfuerzos para mitigar la falta de respeto a sus derechos. 

Existe todo un marco legal que en sentido estricto es un gran cobijo per se, sin embargo su aplicación en la práctica pareciera no existir.  Y me pregunto: ¿Quién está  para defenderlas? Actualmente la Comisión de Derechos Humanos continúa trabajando arduamente para defender los derechos de migrantes. 

Por otro lado la Autoridad Migratoria realiza acciones para contener la entrada de miles de personas al territorio con el fin de proteger al mismo, situación que genera una tensión entre ambas Instituciones y finalmente termina por afectar los derechos de los más desprotegidos, en este caso, las mujeres migrantes.


Por: Verónica Martínez Sentiíes

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