Carta

Antonio Cárdenas

La siguiente es la copia de la carta que envié al Presidente de México a propósito de sus reivindicaciones históricas.

ANDRÉS MANUEL LÓPEZ OBRADOR

PRESIDENTE DE LOS ESTADOS UNIDOS MEXICANOS

PRESENTE

Sr Presidente:

La presente carta tiene el fin de saludarlo cordialmente y desearle el mayor de los éxitos en su ardua labor, además de pedirle dos favores que creo están a su alcance y sobre todo no cuestan dinero.

Yo se que muchos maledicentes y peor pensantes dicen que usted ha iniciado una campaña para que España y el Vaticano, junto con el Gobierno que usted representa, pidan perdón a los pueblos originarios por los abusos de la invasión y conquista de México, hace 500 años, solo para distraer al pueblo de los grandes problemas nacionales como la pandemia, la crisis económica y la violencia incontenible que sufre el país y no entienden que todos los problemas se resuelven con austeridad, justicia y honestidad, pero sobre todo con amor al prójimo,  que son los principios de esta Cuarta Transformación que ahora tenemos la suerte de vivir.

Es por esto que dentro del concepto que usted ha impuesto de pedir a los actuales jefes de Estado que pidan perdón por la actuación de sus gobiernos en el pasado, considero que no existe ningún caso de agravio en contra de México ni más grande ni más dañino que el que históricamente le ha hecho los Estados Unidos de América.

Hablar del robo de Texas y de la invasión de 1847 que nos llevó a perder la mitad de nuestro territorio además de miles de vidas en una guerra injusta y arbitraria ya supera con mucho el daño que los españoles le hubieran podido haber hecho a los pueblos originarios, si se piensa en ellos como mexicanos; pero indudablemente habría que agregar el  genocidio que los Estados Unidos cometieron contra los apaches, la Confederación Iroquesa, los Cheroquis, los Navajos, los Comanches y muchas otras tribus que eran mexicanos antes de 1847 y que fueron prácticamente exterminadas.

Lo anterior sin omitir la veces que injustamente han intervenido en nuestro país o ¿Debemos de olvidarnos de la responsabilidad del embajador Henry Lane Wilson en la muerte de Madero?

Bien, ya nos estamos entendiendo. Creo que en razón de la gran amistad que ha sabido usted cultivar con el Presidente de Estados Unidos, Donald Trump, es bien posible que usted le envíe una hermosa misiva como la que su señora esposa le dio al Santo Padre a efecto de que a nombre de su País reconozca  estos crímenes  históricos y que pida el perdón que en mínima forma nos debe a pueblos originarios, pueblos antiguos y pueblos actuales que formamos México. Mi sugerencia es que se apure en esta solicitud porque puede ser que Trump deje de ser Presidente de EU en muy poco tiempo.

La segunda solicitud es más sencilla aún.

Dijo José Vasconcelos: «¡Malditos los pueblos que asesinan a sus profetas y a sus libertadores!» Lo dijo refiriéndose a los asesinatos de Francisco I. Madero y de  Agustín de Iturbide.

El pasado 15 de septiembre usted gritó 20 vivas por  temas que consideró dignos de reconocimiento, lo cual estuvo muy bien, Mi atenta súplica, que no estimo descabellada, es que para la próxima ceremonia del Grito, aprovechando que se celebran 200 años de nuestra independencia ¿No podría dar un grito 21 para pedir un viva en favor del Libertador de México?

Agustín de Iturbide fue el autor del Plan de Iguala que logró la Independencia; convenció a los insurrectos que se unieran a él, convenció a todos los demás miembros del Ejército y caciques locales y por último al Virrey O’Donojú de que reconociera la Independencia, y todo ello sin que hubiera violencia. Fue el Jefe indiscutido del Ejército de las Tres Garantías, por lo que fue el creador de la bandera mexicana, verde blanca y roja. Y al frente de dicho ejército que conjugaba a todos los mexicanos entró en la capital y el 28 de septiembre de 1821 firmó el acta de su Independencia que dio inicio a la vida de nuestro país.

No fue un hombre perfecto. ¿Quién lo es? Y su ambición lo llevó a aceptar el título de emperador que los diputados del Congreso le ofrecieron, aunque después lo desconocieron y lo desterraron.

Lo más triste es que, violando todos los derechos humanos, lo juzgaron en ausencia y lo condenaron a muerte, condena que cumplieron cuando Iturbide quiso regresar al País que había liberado.

Por eso ahora que tenemos un Presidente que reconoce que el amor al prójimo es la esencia del humanismo y parafraseando  lo  dicho por usted mismo: ¿No cree que en lugar de afectar al pueblo y al Gobierno de México una referencia en honor de Agustin de Iturbide, lo enaltecerá y causaría la felicidad de la mayoría de los mexicanos? Pero sobre todo ¿No se realizaría un acto de mínima justicia? A ver si con esto nos dejan de caer tantas maldiciones como usted lo ha dicho tantas veces.

Esa es mi solicitud que, repito, no cuesta y es absolutamente congruente con los principios de la transformación que usted enarbola y por fin le damos a nuestra historia la característica que merece, dejar de mentir.

Reciba las seguridades de mi consideración.

plumainvitada

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