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EL GRITO DEL ESTADIO

Opinión / Principal / Slider / 1 September, 2017

COLUMNA ÁNIMAS TRUJANO

Por Antonio Cárdenas Arroyo

Con respecto a las malas palabras mantengo una actitud contradictoria pues por una parte pienso, como Octavio Paz, que son las únicas palabras vivas en un idioma de vocablos muertos, pero por otra pienso que es sólo una manifestación de pobreza del lenguaje, ya que las personas que las utilizan reducen su léxico a poco más de una veintena de palabras al usarlas por igual como sustantivo, verbo, adjetivo, interjecciones y demás.

Pero si algo bueno puedo decir de las groserías es que, en el momento adecuado, pueden ser tranquilizadoras y también divertidas.

Hay una historia que me platicaba mi tío y que ilustra lo anterior, resulta que la primera vez que fue a Villahermosa, tuvo que tomar un tren que lo llevaría de Ciudad del Carmen a esa Ciudad. Ya sentado en el tren, vio entrar a un sombrerudo, prieto como la noche, con cara de muy pocos amigos y con tremendo machete al cinto que de repente miró hacia el fondo del vagón y descubrió a otro sujeto de características similares y al que le gritó “¿Quihúbole hijo de tu chingada madre? El interpelado, desde el otro extremo del vagón le respondió “¿Tú que te traes hijo de puta?” y caminaron uno hacia el otro; mi tío dio por segura la pelea a machetazos y empezó a buscar con desesperación un lugar donde esconderse cuando para su sorpresa, justo a la mitad del tren enfrente de donde él se encontraba, se estrecharon con un fuerte abrazo: ¿Cómo esta la familia compadre? se dijeron, contentos de verse.

Por otra parte, estoy seguro que no existe un mexicano que no le haya mentado la madre a sus mejores amigos, o llenado de imprecaciones a sus cuates a la menor oportunidad con insultos que tienen como base la duda de su virilidad.

Lo anterior lo platico en relación con el ahora tan vilipendiado grito del estadio cuando despeja el portero del equipo visitante y la manera de que la organización internacional llamada FIFA interviene tratando de establecer sanciones económicas al equipo local o amenazando con vetar el estadio por un supuesto grito “homofóbico”.

Lo curioso es que nadie pregunta por qué la afición comenzó a gritar de esta manera hace relativamente poco tiempo, y la respuesta es muy simple, los aficionados no encontraron una forma mejor para divertirse en los partidos tan aburridos que se juegan comúnmente en el fútbol mexicano.

Por lo demás el grito no puede ser homofóbico porque para serlo tendría que ser un grito ofensivo y el grito del estadio en ningún caso lo es, como no lo es, ni puede ser ofensivo el insulto que dejamos caer sobre la familia cercana de nuestros amigos o el caso del ejemplo de la anécdota vivida por mi pariente; por tanto, parece absurda la insistencia de la Federación Internacional de Futbol de imponer sanciones por costumbres y conductas no de sus asociados sino del público en general.

Por otra parte, me parece inaceptable que una sociedad mercantil Suiza, cuyo pasado reciente es verdaderamente obscuro y cuya actividad extra nacional ha sido motivo de que algunos de sus directivos hayan sido llevados a procesos penales, se atreva sin el menor pudor, a intentar regular la conducta de los mexicanos, pasando por encima de sus derechos más personales, como puede ser el derecho a la libre expresión, y de sus costumbres y su cultura, de la que pretenden erigirse en jueces.

Creo que las épocas colonialistas en las que las metrópolis dictaban las conductas de los humildes indígenas deben haber quedado muy atrás en el tiempo.

Señala el artículo tercero de los estatutos de FIFA que:

La FIFA tiene el firme compromiso de respetar los derechos humanos reconocidos por la comunidad internacional y se esforzará por garantizar el respeto de estos derechos.

Esa es una obligación a la que están sujetos todas las asociaciones y personas en un país civilizado como creo que lo es Suiza y sólo nos faltaba que no los respetara, aunque en muchos aspectos, como el laboral, por ejemplo, su actividad deja mucha sospecha.

De hecho, sabemos que en algunos países como Inglaterra los niños acompañados por sus padres se la pasan gritando y cantando groserías en contra de los jugadores y de los equipos contrarios y entonces la FIFA no dice absolutamente nada.

La FIFA es de hecho el monopolio internacional de una actividad económica: el futbol profesional. Resulta muy difícil, en un mundo donde debe privar la apertura, justificar la existencia de una empresa internacional que impone reglas a todos los demás países para incrementar su pingüe patrimonio. Basta revisar levemente sus estatutos para darnos cuenta de ello.

Por lo anterior quiero proponer que de ahora en adelante se deje de gritar PUTO al portero contrario y en su lugar le gritemos FIFO, con ello estimo que la Excelentísima Federación Internacional de Futbol Asociación quedará satisfecha de haber  logrado sus metas internacionales en la lucha contra la discriminación y de igual manera se ayudará a aquellos aficionados al uso de las malas palabras para que puedan incrementar su léxico con nuevas e internacionales expresiones como: “Hijos de la FIFADA” o “Hijos de la gran FIFAUTA”

 

 

 


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Andrea Sanz




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